Doña Juana, dos veces en semana, recibía las visitas de nuestra voluntaria Marisa, y como pasó con todo, con el estado de alarma estas visitas se suspendieron. 

Doña Juana vive en una conocida residencia y cuando pudo recibir visitas fué su familia la que asistía todas las semanas, pero había alguien a quien ella extrañaba mucho y por la que preguntaba cada vez que iban a verla, Marisa.

Su familia planeó todo y cedió a Marisa su hora de visita y ella no pudo decir que no, sobre todo, porque ella también se moría de ganas por volver a ver a Juana…no pudieron haber abrazos pero fueron las sonrisas las protagonistas de este encuentro. No imagino algo más hermoso que la visión de estas personas que se aprecian tanto y entre las que existe un vínculo tan bonito.

Queremos agradecer a Marisa por su predisposición incondicional, su seriedad en la labor que desempeña y esa vocación de cuidado que le crece desde lo más profundo y a la familia de Juana por querer complacerla y hacerle este regalo que ella tanto quería recibir.

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